Colo Colo uno a uno: Descorazonante

Pese a contar con casi la totalidad de los jugadores en teoría titulares, el equipo no encontró las claves futbolísticas, ni las físicas ni las anímicas para revertir una llave adversa tras el descalabro de la ida en Chillán.

Agustín Orión: Sin demasiado trabajo más que descolgar un par de centros con cierta intención. Nada que hacer en el descalabro defensivo en el gol de Ñublense, lo fusilaron a quemarropa.

Gonzalo Fierro: Certero en el tiro libre de un 1-0 que nos ilusionó con revertir la llave, demostró que su pegada en pelota detenida se mantiene intacta, en un recurso que en el plantel no sobra. Sin embargo, no tiene el fuelle de antes para volver y sufre con cualquier puntero rápido que busque por su sector. Lamentablemente por su lado se gestó el descuento chillanejo y de hecho en él rozó la desafortunada pelota que culminó con nuestras aspiraciones.

Matías Zaldivia: Errático en la salida, pero por lo menos frecuentemente exhibe un carácter por sobre la media en momentos en que la carencia de éste invade al equipo. Un par de patriadas suyas quizás hayan merecido mejor suerte.

Juan Manuel Insaurralde: Tuvo un par de cabezazos ofensivos que pudieron tener mejor destino, pero sufrió con la velocidad de Jiménez y lamentablemente en el gol roo decide mal, yendo a buscar a Reyes, terminando en el suelo y dejando a Bustamante solo a merced de Opazo.

Óscar Opazo: Protagonista total, en lo dulce y en lo amargo. Su velocidad es de los pocos factores de desequilibrio físico del equipo, pero al jugar por izquierda luce menos de lo que podría. Notable su aparición en el 2-0 y en un par de jugadas donde volvió muy rápido a posiciones defensivas, pero es imposible sacar el análisis el pésimo cálculo que tuvo en la jugada que terminó con el gol de Ñublense.

Claudio Baeza: Si bien no hizo un mal partido –más allá de algunas pelotas perdidas en la salida–, sintió el ser el único encargado de la contención, especialmente en los momentos en que Ñublense avanzaba en bloque, viéndose superado.

César Pinares: Pese a que por empeño no se queda, no toma buenas decisiones y su zurda sigue imprecisa, como lamentablemente ha sido tónica desde su retorno al club. Tiene mucho que demostrar este semestre, luego del trabajo físico en Brasil, porque sigue al debe y este partido incrementa esa sensación.

Jaime Valdés: Alternó buenas con malas. Impreciso en muchas pelotas que para el propio Pájaro son sencillas, sigue siendo uno de los pocos valores de los cuales se puede esperar desequilibrio individual, como lo hizo en la jugada por derecha y centro de zurda para el gol de Opazo. Poco para lo que puede ser él, pero al menos dejó sensaciones algo menos amargas que las exhibidas en la mayoría del semestre anterior.

Nicolás Maturana: El empeño no es suficiente y eso se ve claramente con jugadores como Maturana. Intentó por derecha, logró algunos desbordes de cierto peligro, y quizás puede ser una alternativa, pero este tipo de partidos ratifican que Colo Colo necesita imperiosamente gente en esa posición.

Bryan Carvallo: El contraste entre sus ricas condiciones y su falta de capacidad para exhibirlas en Colo Colo es, lamentablemente, bastante alto. De ese joven valor que fue a ganar experiencia a Antofagasta y que terminó llevándose todas las gift cards en el conjunto nortino, hoy vemos a un joven con una excesiva propensión a la frustración prematura y a su incapacidad para revertirla, cometiendo errores de juicio e imprecisiones francamente llamativas.

Esteban Paredes: Se notó poco fino con la pelota y algo “duro” y “pesado” luego de la intertemporada. Y si Esteban no está fino el equipo lo siente. Tuvo las chances más claras aparte de los goles, con un par de finiquitos poco precisos y una jugada que terminó con un palo en el primer tiempo. Es cierto que quizás la historia sería distinta con un Esteban más preciso, pero tampoco es su culpa que el equipo no encuentre herramientas colectivas suficientes para dejar de depender 100% de él, y además para remontar una llave evitablemente adversa.

(73’) Iván Morales: Metedor, pero tosco y sin chispa. Tampoco se ve cómodo teniendo que cargarse por una de las dos puntas, como ordena el esquema de Héctor Tapia. No logró desequilibrar.

(90+11’) Gabriel Suazo: Incomprensible su ingreso cuando el equipo necesitaba buscar con urgencia otro gol para seguir con vida. Y eso no es culpa suya.

DT Héctor Tapia: Tiene mucha, muchísima responsabilidad en esta eliminación tan prematura como humillante, tanto por el equipo que planteó en la ida –más allá de la cantidad de jugadores no titulares que persisten permanentemente en desaprovechar oportunidades y devuelven sin sudor ni barro la camiseta que les entregan–, como por no lograr plasmar en su once la urgencia de remontar un marcador adverso. Con poca respuesta táctica y con decisiones que sólo demuestran confusión –como el postrero ingreso de Suazo–, tampoco se vio a un Colo Colo con progresos físicos respecto al semestre anterior, que fue lamentable en ese ítem, lo cual lleva a pensar en qué tan necesario era llevar al equipo diez días a Brasil –y gastar en ello un dinero que quizás pudo haberse utilizado para aumentar a caja para otro bolsillo–, porque el equipo volvió a mostrar los vicios de siempre. Un fracaso tan rotundo como evitable, y que lleva a poner todas las fichas en un torneo que nos tiene a diez puntos del líder, y en la Copa, donde enfrentaremos un “muere muere” con un rival durísimo.

Foto: Agencia Uno.

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