Colo Colo uno a uno: La 32 de los perros

El último análisis de un año que hizo justicia al trabajo y que terminó de la mejor manera. 

Agustín Orión: Arquero de equipo grande. Así de simple Casi no le llegaron, pero cuando lo hicieron sacó una pelota de campeonato. Enorme semestre, enormes huevos y gran prestancia.

Matías Zaldivia: En silencio, siempre mete, rinde, marca y sale jugando. No olvidar que estuvo la mitad del año afuera y casi ni se le notó.

Julio Barroso: Pulcro en los cruces, sólo en una no alcanzó a cerrar a Urzúa pero Orión respondí de gran manera. Buen partido y buen semestre para el Almirante que partió con algunas dudas pero, poco a poco, se fue acercando de regreso a ese nivel que ha demostrado desde 2014 con la camiseta de Colo Colo. Además, se le ve feliz.

Felipe Campos: A la altura absolutamente. Siempre encima de Soteldo, un buen cierre en una contra donde Barroso estaba arriba y correcta salida por su sector. Muy cumplidor.

Luis Pedro Figueroa: Sintió el tiempo sin fútbol. Si bien no desentonó en la marca por donde comenzó César Valenzuela y aportó un buen cierre a un descuelgue de Juan Córdova, en ofensiva no generó mucho y desperdició un gran pase filtrado del Mago Valdivia tras recuperar en la salida acerera.

Jaime Valdés: La figura de la cancha y, quizás, del campeonato. Apareció por todos lados, buscó, pidió el penal en un momento crítico, habilitó a Rivero. Nuevamente brilló en un semestre notable. Y estaría bueno recordar que en un momento en 2016 perdió el puesto por rendimiento. Pero se calló la boca, entrenó más duro, alentó desde afuera, recuperó el puesto y ahora otra vez es figura. Eso hace un crack.

Claudio Baeza: Se le vio algo impreciso para su buen pie acostumbrado, perdiendo un par de pelotas en la salida sobre todo en el primer tiempo. Luego se recuperó y regaló un gran cierre cuando el Pájaro Valdés perdía un balón peligroso saliendo.

Gabriel Suazo: Tuvo un excelente regreso para atrapar a un Bernardo Cuesta que se iba solo. Arriba, ofreció buena descarga por izquierda. Jugó por rendimiento todo el semestre y no sólo porque es Sub 20. Bien.

Jorge Valdivia: Partió algo retrocedido, aguantando para salir con precisión. Tuvo una recuperación gloriosa para ceder luego a Figueroa tras un córner a favor, probó de derecha, de zurda y salió porque ya no daba más. Enorme regreso.

Octavio Rivero: Qué se puede decir. No sólo reverdeció laureles y le “regaló” a Colo Colo un refuerzo en la segunda parte del campeonato, sino que mostró una versión aún mejor que la de la Copa Chile 2016. Otro gol en un partido clave, peleó cada pelota y demostró que se le puede dar la vuelta al destino cuando las cosas no salen bien si se trabaja en silencio.

Esteban Paredes: Buscó por todos lados su gol, pero no se le dio. Igual no le debe importar mucho si su querido Colo Colo fue campeón. Muy bien en la acción del gol de Rivero. Batallador y solidario. Otro perro más.

(45’ET) Benjamín Berríos: Corajudo ingresó del Topo. Si bien falló una ocasión muy clara de frente al arco, intentó siempre, jugó hacia adelante, encaró, sacó centros. Personalidad total en una instancia delicada.

(79’) Nicolás Orellana: La definición de perseverancia. Le dijeron que iba a ser el quinto o hasta sexto delantero porque se unió con todo el equipo ya nivelado físicamente y futbolísticamente tras la pretemporada, entrenó solo, demostró, se ganó un puesto, anotó, guerreó, fue titular en un clásico, casi se quiebra un tobillo, regresó y en el partido más trascendental del campeonato batalló una pelota dos veces abajo en una jugada que terminó en gol y coronó con uno propio. Tremendo.

(85’) Gonzalo Fierro: Qué bueno que pudo tener minutos para sentir el cariño de la gente. Entró bajo una merecida ovación y, más allá de lo futbolístico, es la viva demostración de profesionalismo.

DT Pablo Guede: Fue vapuleado muchas veces, cometió errores, pero lo cierto es que todos en el plantel destacaban cómo trabajaba. Y por fin lo pudo refrendar con un título. Acertadísimo en los cambios, ya que Berríos y Orellana terminaron siendo claves y Fierro entró para ser aplaudido. Logró hacer encajar las piezas tras un comienzo dubitativo, le dobló la mano al destino, revirtió una situación que parecía en punto de no retorno tras la eliminación con Iberia y, de una manera u otra, se las ha arreglado para ganar al menos un título cada seis meses en el año y medio que ha estado, siendo este el más importante. El equipo le cree, los referentes lo respaldan, es el campeón del fútbol chileno y hay Copa Libertadores a la vuelta de la esquina. Es un buen momento para seguir insistiendo “más y mejor”, como él suele decir. Felicitaciones, que lo conseguido se lo ganó en buena ley y rebelándose ante la adversidad, como también dijo alguna vez.

Foto: Guille Salazar

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