[Opinión] A todos nos hace mal

Columna alba acerca de la dura derrota en Quillota, en el contexto de una turbulenta semana institucional.

Por Darío Sanhueza D.L.C. 
@DarioPat 
Panelista DaleAlbo Radio 

La situación que vive Colo Colo hoy en día es particularmente convulsa. Quizás desde los tiempos del fallecido Eduardo Menichetti con Peter Dragicevic a mediados de los ’90 que no se veía una división tan notoria en dos bandos tan marcados, con la ostensible diferencia que en esa oportunidad fueron los socios del club quienes se manifestaron democráticamente, y hoy prácticamente el único criterio decisorio es el dinero. Pero en esa oportunidad el ambiente convulso incluso provocó la salida de algunos jugadores que se aliaron con el ese entonces presidente Menichetti, siendo particularmente llamativa la salida del histórico José Daniel Morón luego de que Dragicevic ganara las elecciones.

Es cierto que el equipo llegó a Quillota con un triunfo en la espalda y como puntero, luego del empate de local de Iquique y sólo siendo alcanzado por la U luego de su triunfo ante Wanderers, penúltimo de la tabla general. Pero indudablemente la convulsión dirigencial repercute en la cancha, tal como sucedió en 1994, donde el equipo hizo un torneo discreto y clasificó a una Liguilla Pre Libertadores donde el equipo sólo sacó un punto sobre nueve.

Los primeros minutos en la alfombra –eso no es pasto– sintética de Quillota fueron halagüeños, y el Cacique tuvo una chance clara en los pies de Rivero, que sacó Vicencio casi desde la línea. Un par de tiros libres desperdiciados marcaban un pequeño descenso en el dominio ejercido en un inicio, pero San Luis tampoco se arrimaba demasiado.

Sin embargo, paulatinamente comenzó a notarse a un Colo Colo demasiado crispado, con un ánimo más alterado que lo que ameritaba la ocasión. Un par de amarillas rápidas de Gamboa a Valdés y a Ramón Fernández contribuyeron a incrementar una animadversión al árbitro que sin dudas llegó algo predispuesta. Por ahí incluso a Fernández hasta lo pudieron expulsar –hay que recordar el empujón que le propinó al propio Gamboa cuando lo expulsaron por un chuletón a Luis Pavez cuando jugaba en la U–, aunque también hay que recordar la feroz patada que se comió por parte de un jugador canario que mereció algo más que la amarilla. De todas maneras, el 0-0 decía bien lo que estaba pasando en la cancha, Colo Colo era un poco más pero sin lograr concretar, aunque tampoco era un vendaval ni mucho menos.

Hasta que llegó el momento fatal, ese que lamentablemente ya es costumbre a estas alturas. Abán se llevó con demasiada facilidad a Baeza, Véjar tampoco estaba bien ubicado, y mandó un centro blandito y sin mucha convicción. Sin embargo, Paulo Garcés, en su afán de atenazar la pelota, le propinó un manotazo digno de voleibolista de playa amateur excedido de peso y le sirvió la pelota al recién ingresado Lara para que éste sólo tuviera que mover el cuello para marcar el 1-0. Es cierto que uno opina con el diario del lunes, pero más allá de que atrapar la pelota no parecía algo de gran dificultad, puñetear el balón o derechamente no tocarla porque cerraba Felipe Campos.

La sensación de revivir fantasmas nos pegó a todos, los incontables y clamorosos errores de Garcés se han transformado en tendencia y sinceramente no sólo afectan a los hinchas, al resto del equipo e incluso –uno supone– al cuerpo técnico, sino que al propio Garcés. Uno trata de hacer el ejercicio (casi a niveles de yoga) de desprenderse mentalmente de la ira para intentar empatizar con el ser humano, y luego de mandarse al seco un pitcher de Flores de Bach uno puede apreciar que la cara de sufrimiento del parralino conmueve, tanto o más de lo que conmueven situaciones como la escasez de alimentos en localidades del África subsahariana o la indiscriminada matanza de ballenas en el Pacífico Norte.

Ahora bien, tampoco la derrota es solamente culpa de Garcés. Su nuevo error sin dudas es determinante en el resultado –a tal punto que provocó el único gol del partido–, pero el equipo tampoco tuvo rendimientos elevados en otros sectores de la cancha. No hubo respuestas colectivas ante el bajo partido de un físicamente disminuido Jaime Valdés, Esteban tampoco encontró inspiración y más allá del empuje de Esteban Pavez y la inquietud de Rivero, el equipo no mostró demasiado. También es cierto que no nos cobraron dos penales –uno de ellos muy evidente a Octavio–, pero limitar el análisis a esos cobros arbitrales es muy reduccionista.

De todas maneras, el cuerpo técnico dirigido por Guede tiene una gran responsabilidad en las diversas situaciones acontecidas. Primero, por una persistencia en Garcés que ya se ha convertido en una obstinación poco sana –y que lleva a reflexionar acerca del vínculo que une a ambos con Cauteruchi–, pero fundamentalmente por acentuar dos de sus principales defectos. El primero de ellos ya lo hemos comentado en otras ocasiones, y dice relación con que, si bien Guede generalmente lee bien los partidos a priori, tiene problemas serios para reaccionar ante los imponderables. ¿De verdad alguien podría pensar que Canchita Gonzales, uno de los jugadores extranjeros más tibios que ha pasado por el fútbol chileno, era el hombre idóneo para conducir al equipo a intentar revertir un resultado en un partido así de trabado? Por último insistir con el joven Provoste, que si no hubiese trascendido, al menos es de la casa y tiene margen para crecer. Pero Gonzales quizás pueda ser un jugador útil para partidos dominados y con espacios, no para encuentros como el de Quillota.

Y el segundo defecto tiene que ver con “atraparse” con el entorno y sentir que todo está en contra. Históricamente a Colo Colo jamás le ha funcionado creer que se está luchando en contra de un anticolocolinismo generalizado. Las declaraciones post partido de Guede dan cuenta de que está “atrapando” con una persecución que, de persistir, no va a llevar a nada bueno.

Es de esperar que, ahora que ya existen mayores certezas a nivel dirigencial con la dilatada continuidad de Mosa, el equipo se vuelva a enfocar. La verdad de las cosas es que las dinámicas de este torneo han sido lo suficientemente generosas como para seguir dependiendo de nosotros y mantenernos en la punta, con un fixture que, si bien incluye dos salidas, a priori permite pensar en obtener buena parte de los puntos en disputa. Pero de todas maneras debe haber cambios, especialmente en el arco, incluso por el bien del propio Garcés que se nota extremadamente sufriente cuando entra al campo, cosa que nos hace mal a todos.

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