[Opinión] Caminar y correr

Columna alba acerca del triunfo del Cacique ante Wanderers, que lo sitúa como líder del Torneo de Transición.

Por Darío Sanhueza D.L.C. 
@DarioPat 
Panelista DaleAlbo Radio 

Muchos colocolinos tenemos el corazón pegado con parches curitas, agarrado al pecho con un clip por aquí, un alambrito por allá, un pedacito de scotch por el otro lado. Hemos sufrido decepciones bastante grandes, especialmente durante el último tiempo, aún nos pega fuerte la eliminación prematura en la Copa Libertadores, el haber dilapidado el torneo anterior, y sin ir más lejos la vejatoria eliminación con Iberia en el Monumental. Por eso, cada pasito dado hacia adelante es un avance, evidentemente, pero con la obvia sensación de que en cualquier momento puede venir un retroceso, como en el Mito de Sísifo de la mitología griega, que muy básicamente consiste en que este pobre muchacho Sísifo -además de cargar con un nombre bastante peculiar- debía subir una pesada piedra por el costado de una montaña, y cuando estaba a punto de llegar a su cima, la piedra caería y debía repetir el proceso, incesantemente, por el resto de los siglos.

El tema es que además los que iban arriba se enredaron. De nuevo. La Unión pasó de ser la mejor defensa del siglo a ser un pasadizo, Antofagasta cayó ante la U, y Everton se enredó en Viña con Curicó. Es decir, nuevamente una fecha muy favorable en los partidos satélites que rodean al que lejos era el más importante.

Ya en la pasada fecha el equipo había superado una prueba muy dura en San Carlos. Es cierto que la UC viene de capa caída, que presenta señales de desgaste evidentes en el proceso de Salas, pero no por eso va a ser fácil ir a ganarles a su cancha. Y el equipo lo hizo, mostrando algo muy importante: saber ganar. Porque ganar jugando bien y lindo es lo ideal, pero no es fácil asumir, humildemente, que hay partidos que hay que trabajar mucho, defenderse, no rehuir la fricción y finalmente cerrar las compuertas para que no pase nadie. Parte de saber ganar es entender que igualmente se pueden obtener triunfos aunque no se cuente con inspiración o con jornadas monumentales individuales.

Esta lección parecía ir en vías de aprendizaje tras la victoria en San Carlos, pero ahora la historia era un poco distinta. De local, ante uno de los equipos más comprometidos con el promedio, con un Monumental hermosamente lleno y que prueba fehacientemente que, con precios más accesibles, el colocolino va, acompaña y apoya, y el rival tiende a empequeñecerse.

Por supuesto que no debe haber colocolino al que no le gustaría que el equipo jugara más bonito. Pero este presente tiene otras prioridades y eso hay que empezar a entenderlo y metabolizarlo. Este mismo plantel ha tenido varias oportunidades en las cuales ha jugado más atildadamente que el rival, ha tenido más la pelota, pero no ha sabido resolverlos. Las urgencias hoy en día marcan que el equipo, antes que correr, tiene que volver a aprender a caminar y por lo mismo, lo más relevante, es lograr la mayor cantidad de puntos posibles para ser campeones.

Ciertamente este estilo es menos vistoso y por momentos desconcertante incluso para quienes tenemos claro que no vamos a encontrar a un Colo Colo demasiado lucido. El primer tiempo fue un poco así, donde Wanderers tuvo dos chances muy claras, una bien salvada por Orión –es cierto que el juego con los pies no es su fuerte, pero a estas alturas, ¿alguien podría discutir que el argentino es uno de los valores más destacables del semestre?– y otra desperdiciada por Ezequiel Luna. Colo Colo sucumbió durante buena parte del primer lapso a la presión alta wanderina –que en el segundo tiempo bajó, se notó el cansancio de los verdes–, y tuvo algunos espasmos pero nada tan claro, a excepción de la única jugada donde los tres ases se juntaron, con un lindo pelotazo de Valdés a Valdivia, el pivoteo del Mago y Esteban estuvo impreciso y poco fino, como casi todo el partido. Casi, por cierto. El ídolo estuvo muy solo en punta, en un nuevo intento infructuoso de Guede de ver cómo andan las cosas con Paredes como único punta, más allá de las apariciones del Pájaro por izquierda.

El panorama se corrigió al menos en lo formal con los ingresos de Araya y Morales. Si bien Araya no hizo un gran encuentro y tuvo un par de intervenciones erráticas, su conocimiento y manejo del puesto supera con mucho al de un agotado Figueroa. Y Paredes necesitaba compañía y descarga, lo que encontró con Morales. Sin embargo, el partido no se decantaba para nuestro lado y por momentos uno advertía que el sentido de urgencia del equipo era escaso.

La única clara fue un cabezazo de Paredes que sacó Castellón desde la raya, en la que era una de las pocas maniobras en que Esteban había resuelto bien. Para más remate, sucedió la expulsión de Valdivia, demostrando que su temperamento a veces lo traiciona, pese a que la roja finalmente fue bastante exagerada, y para peor salió lesionado el Pájaro, quedando Maturana con la responsabilidad de conducir al equipo, con la tremenda incertidumbre que genera su inconsistencia con esta camiseta.

Sin embargo, Maturana entró bien, quizás hayan sido sus mejores minutos en Colo Colo. Pero sobre todo, apareció el ídolo, ese mismo que no había jugado bien, que se vio errático, hasta algo torpe por momentos. Y él decretó que este partido lo ganábamos nomás.

¿Cómo no querer a un tipo que a los 37 años es capaz de correr setenta metros para posicionarse como lateral para intentar recuperar una pelota que perdió? ¿Cómo no rendirse ante un jugador al que, a veces, la historia le queda chica, que es el colocolino que más goles le ha hecho al clásico rival en todos los tiempos? ¿Cómo no disfrutar a un jugador con tal mentalidad que es capaz de asumir con modestia que no ha jugado bien, y sin embargo no sólo no se frustra, sino que vuelve a ponerse la capa, los calzoncillos arriba del pantalón y salir volando a buscar el triunfo, más encima con la pierna muda? Gran mérito de una buena recuperación, de un gran pase de Morales y del inmortal Esteban para, de derecha, sacarnos el yeyuno de la tráquea para gritar un 1-0 trabajadísimo y que premió al equipo que más buscó, logrando además sobreponerse a imponderables como la expulsión de Valdivia y la lesión de Valdés, cosa muy valiosa en un equipo no acostumbrado a ello.

Justo premio también para Morales haber marcado el 2-0. Quizás Iván no tuvo un partido tan lucido, pero fue determinante, como compañía para Esteban –ese desborde por el costado menos hábil, en el minuto ’90, después de la frustración y el cansancio físico y mental post Eliminatorias–, como habilitador y finalmente para ser el último timbre en los pasajes hacia el liderato del torneo.

Ya habrá momentos donde el equipo juegue mejor, más lindo y llene más gustos. Por ahora, y especialmente en este torneo, lo que importa es sacarlo adelante. Para empezar a correr, como decíamos antes, primero hay que volver a aprender a caminar. Y ojo, porque de los seis partidos que quedan, sólo dos son en casa, y nos falta enfrentar al 2°, 3° y 4° de la actual tabla. No está nada dicho, pero equipo se ha ido endureciendo paulatinamente, tres partidos con valla invicta no son casualidad, y ya son muy escasas las oportunidades donde hemos quedado mal parados. Nada está regalado, pero Colo Colo poco a poco va generando una sensación de que va a ser difícil ganarle. A apretar los dientes nomás, que se puede.

Foto: Guille Salazar

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