[Opinión] Match point

Columna alba acerca de la durísima derrota como locales ante la Universidad de Concepción, en la previa de un Clásico donde el Cacique se juega más que un extenso invicto.

Por Darío Sanhueza D.L.C. 
@DarioPat 
Panelista DaleAlbo Radio 

Este Colo Colo es un equipo francamente desconcertante, un canto a la irregularidad y a la poca fiabilidad. Es impresionante la cantidad de puntos perdidos –especialmente en el Monumental– en los últimos años frente a equipos accesibles, lo cual alcanza un peak de curiosidad y desconcierto extremo al contrastar esta irregularidad con el gran rendimiento y efectividad del equipo contra los más clásicos rivales, como la UC y la U, frente a quienes luce una supremacía histórica incontrovertible y que en los últimos años ha alcanzado niveles de escándalo.

Sinceramente resulta difícil analizar lo que pasó el sábado ante la Universidad de Concepción si no se consideran algunos factores que le proporcionan cierto contexto. Y el principal de ellos, sin duda alguna, es la conducción de Pablo Guede, que es un técnico con buenas ideas, bastante trabajador, pero da la sensación de creer ser mejor técnico de lo que en realidad es, y esa resulta una de sus peores debilidades.

Repasemos brevemente lo que ha sido este semestre. Vamos con toda la ilusión del primer partido del semestre a La Serena y nos comimos cuatro jugando como el forro. Luego, lleno de dudas, le hicimos cuatro a un equipo siempre complicado como la UC, además en una final. Bien, ahora sí que sí, y paf: empate de local jugando con Antofagasta. ¿Crisis? Nada, el equipo sacó toda la categoría en el segundo tiempo para revertir la llave con Serena. Pero cresta, ¡vamos sin delanteros a Rancagua! Y hacemos el mejor partido del semestre en una cancha durísima como El Teniente. Ahora sí que sí, encarrilamos bien todo, ganamos dos al hilo… las pelotas, se jugó mejor que Palestino, pero no pasamos del empate, en una nueva muestra de falta de jerarquía. Pero ahora volvemos al Monumental, ya superamos el trauma que duró tantos años contra la U. de Concepción… ya sabemos lo que pasó.

La breve descripción anterior intenta resumir este verdadero tagadá mental en el cual nos hemos visto embarcados quienes tenemos al indio en el corazón. Y el partido con el Campanil también mostró buena parte de esas angustiantes sensaciones, pues los primeros minutos del equipo, si bien no fueron descollantes, sí mostraron a un Cacique con buena intensidad y siendo superior al rival. Y claro, como a estas alturas ya sabemos, fueron los penquistas quienes se pusieron arriba con una buena jugada de De La Fuente –que parecía Roberto Carlos en el primer tiempo– que finiquitó Huentelaf de manera inaceptablemente solitaria.

El gol no sólo le pegó fuerte al equipo en lo anímico en cuanto a “bajonearlo”, sino que fue un gran factor para hiperventilarlo y bañarlo en histeria, y eso fue particularmente notorio pues tres de los jugadores más experimentados –los llamados a poner paños fríos y controlar situaciones– cayeron en ello. Valdivia se dedicó todo el primer tiempo a reclamar, el Pájaro –capitán del equipo, además– se ganó amarilla por reclamos destemplados, y un jugador habitualmente tranquilo y reflexivo como Julio Barroso se adelantó al SummerSlam de la lucha libre y le aplicó el Cortito del Pueblo a un jugador penquista a vista y paciencia de todos los asistentes, sin siquiera llevarse una amarilla por obra y gracia de fuerzas superiores a los límites cognoscibles de las creencias universales. En lo futbolístico, Rivero dio una exhibición de falta de confianza en una doble jugada donde tomó decisiones malas.

El segundo lapso nos hizo recuperar los colores con el bendito ingreso de Nico Orellana. Los delanteros de Colo Colo han dado muestras de que no les acomoda jugar solitarios en punta (Paredes primero, ahora Rivero, nada hace pensar que por ejemplo a Vilches cuando se recupere le acomode), pero Guede persiste en esa excentricidad. ¿Tiene mérito en subsanarla en el entretiempo? En algo repara un vicio inicial que ha dado muestras de no resultar. Orellana estuvo vivo en aprovechar el error de Alarcón y definir con tranquilidad. 1-1 y todo parecía estar mejor, ahora sí que sí, de atrás pica el indio.

Pero el tagadá pegó un nuevo sacudón y Manríquez –uno de los mejores pateadores de distancia del medio– quedó más solo que Tom Hanks luego de que Wilson decidió nadar hacia la deriva y marcó el 1-2 con un lindo remate que dejó a Orión sin nada que hacer. A partir de ahí, más neura, un refilón del Pájaro a una canilla ajena que tampoco recibió sanción –Guede se dio cuenta que lo podían expulsar y lo sacó–, un remate al palo de Zaldivia –que con su desorden y todo, por último muestra una actitud irreprochable y tira del carro–, no poder aprovechar media hora rival con diez luego de la expulsión de Berríos, un tiro de Bolados al centro del arco bien despejado por el Tigre Muñoz, y eso sería todo.

Da la sensación de que la conducción de Guede alcanzó un punto de no retorno, y que ya no le encontró la vuelta al equipo, pese a las múltiples oportunidades que ha tenido. Ha estado al menos dos veces anteriormente con la soga al cuello y ha zafado (la primera el año pasado, revirtiendo la llave de Copa Chile ante Huachipato y luego del Clásico, y la segunda después del 4-1 de La Serena). Pero ahora enfrenta un “match point” en un partido que importa mucho más que tres puntos. Perder contra la U en el Monumental luego de dieciséis años sería echarle la última palada de tierra a un proceso que ilusionó, que tuvo algunos relumbrones y momentos futbolísticamente interesantes –Septiembre a Diciembre 2016, especialmente–, que registra una Copa Chile y una Supercopa, pero que en la suma y la resta está absolutamente al debe en los torneos más importantes –dos torneos nacionales, de los cuales uno se le entregó en bandeja al clásico rival, y una Copa Libertadores donde se debió haber pasado la llave ante Botafogo–. Lo peor es que hay mucho que perder, y ganar significaría cumplir con algo que sucede casi todos los años, lo cual le agrega presión a una olla al borde de estallar. Es de esperar que el equipo responda como en casi todos los últimos clásicos contra la UC y la propia U, y que por lo menos haga respetar nuestra casa, como manda la historia.

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