[Opinión] No podemos perder

Columna alba acerca de la dura derrota en Temuco, y la necesidad del equipo de reponerse rápido para seguir peleando el torneo.  

Por Darío Sanhueza D.L.C. 
@DarioPat 
Panelista DaleAlbo Radio 

Vamos a hacer una advertencia antes de cualquier cosa: en estas líneas usted no va a encontrar un análisis quejumbroso respecto al arbitraje en cuanto a lo que se vivió en Temuco. Desde una modesta perspectiva, hay que empezar a entender que esa idea del “contra todo y contra todos” (el viejo y querido “TOCOCO”, pregonado por antiguos dirigentes) nunca, jamás, le ha sido útil a Colo Colo, ni en la historia ni mucho menos en épocas recientes. En ese sentido, hay otros factores que hay que poner arriba de la mesa al momento de conversar respecto a lo que pasó en el Ñielol.

Lo primero, por cierto, tiene que ver con lo futbolístico. Es cierto que el equipo no venía haciendo un fútbol bonito ni mucho menos, pero estaba sacando resultados en base a orden, convicción y carácter, liderado por una línea defensiva que estaba alcanzando una solidez realmente llamativa. Los grandes equipos se arman de atrás hacia adelante, y por fin el cuerpo técnico estaba –esperemos que continúe en ello– en ese proceso de entendimiento.

El partido estaba relativamente controlado cuando llega el primer mazazo de una jornada donde prácticamente todo lo que podía salir mal, efectivamente salió mal. La lesión de Meza, uno de los mejores valores del semestre, fue sólo el comienzo de un partido muy acontecido y prácticamente ideado conceptualmente por el Legislador Murphy. Con el diario del lunes, quizás el cambio lógico habría sido el ingreso de Campos, para no sacar a Baeza y no desarmar además el mediocampo, pero quizás la falta de fútbol del Murci tras su lesión haya hecho que Guede prefiriera mandar a un Araya que lamentablemente se vio algo “blandito” en una cancha complicada.

Pese a eso, el equipo tuvo algunas aproximaciones aunque sin causar gran daño a la retaguardia del “Pije”. Un remate de Paredes, un cabezazo de Valdivia y no demasiado más por el lado albo, mientras que Temuco tuvo un par de incursiones aéreas muy bien conjuradas por un Orión cada vez más afianzado y empoderado no sólo de su rol de arquero, sino que de líder de un equipo que tiene que lidiar con varios traumas. Ya llegaremos sobre ese punto.

Pero llega la expulsión de Berríos, y aquí hay que poner una pausa. La primera amarilla quizás haya estado mal puesta por el árbitro a control de remoto que fue César Deischler. Hay un capítulo de Bob Esponja muy interesante donde el protagonista se mete en la cabeza un walkie talkie para recibir las instrucciones de Patricio Estrella, con el fin de aprobar un examen de manejo que el amarillo personaje había reprobado la no despreciable suma de veintiséis veces anteriormente. Quizás haya algún otro fanático de la entrañable caricatura que haya recordado este evento al ver al cuarto árbitro manejando las cosas desde el exterior de una manera similar, sólo faltaba la antena emergiendo de alguna cavidad cefálica del señor Deischler. Pero bueno, más allá de eso, hay que poner la cabeza fría y darnos cuenta que el joven Berríos no debería haber ido de esa forma teniendo una amarilla adentro, se regaló para que lo expulsaran y finalmente el hombre menos termina siendo determinante. De ninguna manera el Topo es el único culpable de la derrota, que quede claro, sería muy injusto, pero este tipo de situaciones irán siendo parte del aprendizaje de un futbolista joven, empeñoso y con buenas condiciones.

Con la entrada de un disminuido Pájaro el equipo tuvo algunas aproximaciones, aunque quizás lo más claro haya sido un buen centro de Suazo que Rivero no pudo conectar. Temuco tuvo un par de ocasiones, donde Orión estuvo bien y Farfán la echó para afuera de manera increíble.

Y llega toda la desprolijidad del penal de Zaldivia. Partamos de la base de que es penal y sería obtuso discutir eso. Pero la forma de cobrarlo, el enredo primero de si se cobra o no, luego consultar al línea, la información desde afuera, y sobre todo, una innecesaria amarilla a Zaldivia –que le costó la expulsión–, terminan contribuyendo a un cóctel emocional al cual, sin duda alguna, también contribuyen los traumas recientes de frustraciones vividas por el equipo en las últimas fechas.

Tan claro como el hecho de que es penal, es el hecho de que la mano se cobra por una posición antinatural de la mano de Zaldivia y no tiene intención de cortar el juego, por lo cual la amarilla era absolutamente evitable, pero ya, concedamos que puede ser. Sin embargo, el árbitro a control remoto decidió poner amarilla primero a Opazo, luego sacarla y finalmente expulsar a Zaldivia, y a Paredes por insultos desde la banca. El cuerpo arbitral procedió de la peor manera posible –no en cuanto al fondo, sino que a las formas– y contribuyó, sin duda alguna, a incentivar un ánimo que ya venía crispado por la dinámica del partido y porque quizás el equipo tenga menos resistencia mental de la necesaria para afrontar circunstancias adversas, y esto último no es culpa de otra entidad distinta que el propio Colo Colo, que ha sido puntero en siete de los últimos ocho torneos y ha ganado sólo dos. No es casualidad, lamentablemente.

Con el penal de Cris Martínez –que casi tapó Orión– se acabó el partido, pese a que el equipo buscó un empate in extremis. Una pena que no haya servido de nada la gigantesca tapada de Orión al segundo penal –inobjetable por parte de Barroso– y llevarnos una derrota dolorosa.

Pero lo más importante a estas alturas es no desfallecer ante la funesta tentación de los traumas recientes, y recordar que el equipo aún depende de sí mismo para ser campeón. Es cierto que es difícil y que el traspié en Temuco es fuerte, pero no nos tiene que matar antes de tiempo. Y aquí la cabeza que tenga el cuerpo técnico tiene que ser clave: si el técnico, con la cabeza fría, está realmente convencido de que todos los estamentos están contra nosotros, el futuro se ve muy oscuro; pero por contrapartida, si está convencido del plantel que tiene, de sus herramientas futbolísticas, del amor propio del equipo, de sus ganas de ser campeón y de hacerse fuerte ante la adversidad de tener menos jugadores para la verdadera final que tenemos contra Unión, a cancha llena, vamos a seguir peleando. Porque, en Arellano, no podemos perder.

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