[Opinión] Sin respuestas

Columna alba acerca del discretísimo empate del Cacique ante Antofagasta, en un mal y decepcionante inicio del Torneo de Transición.  

Por Darío Sanhueza D.L.C. 
@DarioPat 
Panelista DaleAlbo Radio 

Es verdad que el fútbol es muy impredecible y que, más allá de que ciertas tendencias se repitan durante el paso de los años, es uno de los deportes donde se producen más sorpresas. En ese contexto, a uno como hincha le gusta confiar en su equipo, se genera expectativas y cree que va a brindar un espectáculo relativamente cercano a sus mejores posibilidades. Pero es desconcertante cuando uno no sabe bien qué esperar, cuando la incertidumbre ante lo desconocido se transforma en una sensación más agria que dulce.

Si fuese por números e historial reciente, tendríamos que necesariamente el debut del torneo ante Antofagasta implicaría un desafío complicado para el Colo Colo de Pablo Guede. Los dos últimos partidos jugados ante los Pumas han sido empates, un 2-2 en el norte con muchas llegadas de un Cacique que increíblemente no supo ganar el partido, y el reciente y doloroso 1-1 que nos quitó el campeonato anterior. Pero había sensaciones para aspirar a algo mejor que ello: la llegada de Valdivia, la liberación de Valdés como el único encargado de generar algo de fútbol en el equipo, el inagotable presente goleador de Paredes, o el buen partido de Orión ante la UC.

Ambiente propicio, casi 25.000 personas, jornada tranquila, todo empezando, todo dado. Pero nuevamente Colo Colo se vio como un equipo espeso, con escasa generación de fútbol y sin capacidad de sorpresa, cayendo “chanchito” ante la propuesta del CDA de hacer un partido trabado y poco fluido. Valdivia sucumbió durante toda la jornada al férreo trabajo de Corral y de Sandoval, y el Pájaro tuvo una jornada ostensiblemente menos iluminada que frente a la UC, pese a su esfuerzo. Si no andan las individualidades, Colo Colo no encuentra funcionamiento.

Lo único serio que generó Colo Colo tuvo que ver precisamente con el factor sorpresa: pocos podían pensar que Paredes se iba a cargar a desbordar por derecha, y ese centro precioso a tres dedos teledirigido hacia la cabeza del joven Luis Salas mereció mejor destino. Lamentablemente el juvenil quiso cabecear demasiado ajustado al palo y desperdició la ocasión más clara de todo el partido para el Cacique. De todas maneras sería injusto endilgarle toda la responsabilidad de no haber ganado el partido a un joven que recién está apareciendo, pero tampoco sería sano obviar que si esa jugada hubiese sido gol, probablemente habríamos tenido un partido distinto. El CDA tampoco llegaba demasiado pero tuvo una clarísima con un rebote que agarró llenito el joven Araos, y que había dejado totalmente “pato” a Orión, no fue gol sólo porque David Arellano no quiso.

Tras el preocupante primer tiempo, en un acto extremo de fe esperamos que hubiese una reacción futbolística o, por lo menos, anímica del equipo. Sin embargo, no sólo no hubo reacción en ese aspecto, sino que las respuestas de la banca terminaron confundiendo más a un equipo que, además, fue cayendo en una notoria hiperventilación que encontró su punto máximo –más allá de la ajustada a reglamento expulsión de Gabi Suazo por doble amarilla–, en una chuleta que pegó el Pájaro, que si no es porque sacó un fragmento de pelota, podría perfectamente haber sido causal de expulsión. Si esa patada se la pegaban a un jugador colocolino estaríamos pidiendo cárcel, seamos buenos. Mucha de esa histeria sin duda también proviene de la banca.

Para colmo, las respuestas de la cabina técnica tampoco estuvieron cerca de ser idóneas. Bolados no fue más aporte que el Torta Opazo –de hecho, el ex Antofagasta aún no demuestra las condiciones que tiene, y ha pasado ya un plazo prudente como para poder exigirle algo más–; Maturana le puso algo más de empeño aunque muy impreciso, y por lo menos tiene algo de crédito tomando en cuenta que viene llegando. Pero ¿hasta cuándo insistir con Christofer Gonzales? Sí, hizo un gol casi inolvidable –a estas alturas anecdótico– en Viña, pero futbolística y anímicamente no es un jugador idóneo para revertir situaciones adversas, y su inclusión nuevamente pareció más un intento esotérico por alinear los chakras del equipo que de efectuar una mejora futbolística.

Y para hacer aun más amarga la sensación, vino la jugada final: un arranque del propio Valdés que cruzó la cancha a lo ancho y mandó un centro que se iba colando en el arco de Garcés, quien por supuesto, y como era previsible, se llevó todos los aplausos de la hinchada antofagastina sacando portentosamente el balón. Si faltaba algo más en una jornada muy oscura era que Garcés terminara siendo figura. No lo fue durante el partido porque Colo Colo no pateó al arco casi nunca, pero sí terminó llevándose todos los flashes.

Dentro de los grandes problemas que tiene este Colo Colo de Pablo Guede, es ser incapaz de ganar partidos cuando no juega bien. Dicho de otra forma, necesita jugar bien para poder ganar, y aun así no lo hace siempre. La gran diferencia que debe marcar equipo grande, con jerarquía, y que quiere ser campeón, dice relación con sacar más puntos de los que merece, y exigir que los rivales tengan que rendir cerca de sus mejores posibilidades para poder sacarle puntos. Un equipo con jerarquía saca más puntos jugando mal que los que no gana jugando bien. Veremos qué pasa en Copa Chile y con una visita a Rancagua que siempre es complicada, pero así, el panorama se ve oscuro.

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