[Opinión] Tomando vuelo

 Columna alba acerca de la obtención de la Supercopa del fútbol chileno por parte del Popular, calmando aguas inquietas y mostrando cosas positivas.  

Por Darío Sanhueza D.L.C. 
@DarioPat 
Panelista DaleAlbo Radio 

El accidentado inicio de semestre, con la durísima derrota en La Serena, la salida de Óscar Meneses, la histórica nevazón en Santiago que impidió jugar la vuelta –con el impresentable llanto de los papayeros, omitiendo convenientemente haber sido ostensiblemente favorecidos por un penal inventado y un gol offside en la ida– y los rumores de quiebres internos, le dieron a la Supercopa del fútbol chileno un tinte especial. El ruido interno del camarín del Cacique hacía que la música de la previa del partido tuviera tintes de suspenso y, para algunos medios, derechamente de presagio de hundimiento de un barco o de catástrofe de la naturaleza.

Pero esto era una final y hay varios jugadores del Cacique que saben desempeñarse en este tipo de instancias. Pablo Guede se jugaba bastante de su crédito, en un bonito Estadio Nacional –aunque hubiésemos deseado que hubiese más gente de Católica–, con un pueblo albo que acompañó al equipo en una instancia difícil, y frente a un rival que siempre será complicado por la calidad de varios de sus jugadores, pese a que el historial –incluso el reciente– indica una contundente paternidad del Popular.

El primer tiempo debe haber sido un manjar para el espectador imparcial. Llegadas claras en ambos arcos, errores defensivos en los dos costados –muy discreto el rendimiento de la línea defensiva alba en el primer lapso, incluyendo a Baeza, de muy erráticos primeros 45’–, emociones por todos lados. Un puñetazo de Orión al minuto marcó que la jornada no iba a ser tranquila. Por contrapartida, un jugadón colectivo entre Gabi Suazo y Paredes mereció ser gol pero se fue por nada. Un cabezazo de Santiago Silva –muy solo– encontró una formidable respuesta de un Orión que necesitaba un partido como este: un partido –aunque suene redundante– de arquero de Colo Colo, y luego retrucó Paredes con un derechazo al travesaño–tras buena jugada de Vilches– y un gol mal anulado tras buen remate de Valdés.

El Cacique predominaba en la cancha con el buen trabajo de Valdivia, que pese a no estar en un 100% y a no tener aceitados algunos movimientos con los compañeros –es cosa de tiempo, ojalá–, con su inmensa categoría y con la preocupación que genera contribuyó de manera importante a que el mejor jugador de la cancha, por lejos, hiciera el partido que hizo. Porque muchas veces, durante el año pasado, vimos a un Jaime Valdés descolorido, pensando incluso que estaba en un camino irreversible hacia el retiro, pero ahora, sano y con compañeros a su altura, y contra su rival favorito, hizo un partido portentoso, inteligente y desequilibrante.

Sin embargo, la inseguridad de mitad hacia atrás del primer tiempo hacía que la UC generara peligro, con remates de distancia de Buonanotte –en la única aparición del escueto volante cruzado, aparte de pegarle una patada a Valdivia– y de Aued. Pero el principal recurso ofensivo de la UC era el centro aéreo, y así llegó la apertura con el buen cabezazo de Kuscevic, ganándole a Baeza. Un 1-0 que no se justificaba en el trámite, pero que castigaba las desaplicaciones albas.

Pero el Cacique tiene a Paredes y eso es una ventaja indesmentible. Hay que dimensionar lo que hizo, no sólo por inventar una chilena en el medio de la nada, cosa difícil para cualquier mortal, sino que hacerlo en una final, con el equipo habiendo recibido recién un garrotazo psicológico durísimo y con su cuerpo técnico cuestionadísimo. Lo que hizo Paredes sólo lo puede hacer un genio del fútbol como él, sobran más comentarios al respecto más que agradecer por siempre que un jugador de esta categoría vista nuestra camiseta.

Luego de otra gigante tapada de Orión a Silva en el primer lapso, el segundo tiempo mostró otra cara. Quedaba dilucidar si primaría la categoría de varios jugadores albos o la intensidad cruzada. Por suerte para nosotros, terminó prevaleciendo lo primero, con minutos que rompieron el partido.

Un centro de tres cuartos de cancha de Pajarito, que Paredes le ganó de vivo el rebote a Kuscevic, dejó la pelota justo en el lugar para que Valdivia desequilibrara con su inmensa visión de juego. No sólo le entregó la pelota a un jugador mejor ubicado, sino que con su maniobra provocó que Vallejos le pegara una hermosa barrida a su compañero Lanaro. Brillante lo del Loco para la excelente definición cruzada de Vilches –parecida a un golazo de Chupete en la final con Audax del 2006 en ese mismo arco–, empezando a encaminar esta final. Y luego, un pequeño golpe de fortuna: Figueroa sólo usa la zurda para pasar los cambios en el Charade y justo su remate encontró la mano de un incauto Aued. Penal irrebatible y el Pájaro marcó su merecido primer gol en la era Guede con un remate con sangre y carácter.

El partido se acabó como expresión de lucha en ese instante. La UC siguió esforzándose, pero más por inercia que por convicción. Salas hizo el cambio de siempre de poner a Espinosa por Fuentes, y permitió algunos mayores espacios. Fatal si se está jugando contra jugadores del nivel individual de Valdés, Valdivia y Paredes: la jugada que armaron entre los tres va a quedar en el recuerdo por un buen tiempo. Primero el Pájaro envío a comprar pan al Tortu Espinoza –y le pidió el vuelto–, luego Valdivia abusó de su visión de juego y entregó su segunda asistencia de la jornada a un Paredes que definió con la tranquilidad de quien poda las ligustrinas en un parque público o de quien observa los pescaditos de los acuarios de los restaurantes chinos. Golazo y un 4-1 muy expresivo para lo duro que fue el primer tiempo, pero que premió al equipo que realmente mereció llevarse esta Supercopa.

¿Esto arregla todo de golpe y porrazo? Por supuesto que no, hay mucho por corregir en lo futbolístico –sobre todo a nivel defensivo, si no es por Orión nos podríamos haber ido 3-1 abajo en el primer tiempo–, faltan cosas por aceitar. Pero vivimos dos semanas con una derrota 4-1 con un equipo de la B, con una presión inmensa y con un impulso mediático desagradable, una victoria así –y ante un equipo de la calidad de la UC– se necesitaba como el agua, para dar algo de tranquilidad, descomprimir un ambiente convulso. Es de esperar que esta victoria –que además nos da una copa que, más allá de que sea relativamente nueva, estaba bueno tenerla de una buena vez– nos permita tomar vuelo, empezar bien el torneo y revertir la llave frente a los quejumbrosos serenenses.

Foto: Guille Salazar

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