[Opinión] Una voz de alerta

Columna alba acerca del empate obtenido en Temuco luego de ir ganando claramente el partido, y de lo que vendrá ante la Católica.

Por Darío Sanhueza D.L.C. 
@DarioPat 
Panelista DaleAlbo Radio 

Nueve puntos sobre nueve sin dudas marcaban un excelente inicio de este torneo para el Cacique. Además, con los dos primeros rivales el Popular mostró una ostensible superioridad, y pudo hacer frente a las mayores dificultades planteadas por un duro cuadro como O’Higgins para finalmente meter esos tres puntos a la bolsa. Ahora el desafío era distinto, ir a Temuco a jugar con un local muy necesitado de puntos y con el siempre interesante revulsivo de tener un entrenador nuevo, y más aun al tratarse del experimentado Dalcio Giovagnoli, un técnico muy práctico y que, indiscutiblemente, no se demora mucho en hacer jugar a sus equipos como él quiere.

El Cacique además llegaba con dos bajas muy sensibles. La lesión de Fernando Meza –en una omitible actividad como el “Fútbol Burbuja”– y sobre todo la de Esteban Pavez –al parecer un desgarro– sin dudas alterarían el andamiaje del equipo. No hay otro central de cierta experiencia en el plantel –el único es Cavero y es zurdo, ponerlo en cancha implicaba trasladar a Baeza a la derecha y alterar aun más el dibujo–, por lo cual Guede ubicó allí a Felipe Campos, que venía sin fútbol. Siendo justos, Campos finalmente anduvo bastante bien, sobrio y sin grandes complicaciones por su sector.

Pero la ausencia de Pavez sí que es muy determinante, porque el fiato que tiene el 8 del Popular con la línea defensiva es importantísimo para equilibrar al equipo, además de su peso específico y su forma de correr la cancha, lo cual difícilmente podría ser cubierto con el entusiasmo y la juventud de Gabriel Suazo, que es un muy buen jugador, y que puede ser, a estas alturas de su incipiente carrera, un excelente acompañante, pero es complicado pretender que pueda sostener por sí solo el equilibrio de un equipo que muchas veces defiende mano a mano.

De todas maneras, el equipo que entró a la cancha fue de lo mejor que tenía Guede a mano, quizás con la excepción de ver en el banco a un Brayan Véjar que siempre es un aporte. Y al frente desde el principio vimos a un Temuco con bastantes ripios técnicos, pero con bastante energía e intensidad, especialmente de Ureña que hizo un muy buen partido.

La apertura de la cuenta llegó con una jugada colectiva formidable. Bien lo de Morales y Suazo en la gestación, excelso lo de Paredes y Vilches para desparramar a la defensa temuquense, preciso centro de Mark González y buenísima definición del propio Vilches que poco a poco ha ido encontrando algunas de las cualidades que lo trajeron a vestir esta camiseta. Ojalá paulatinamente vaya apareciendo en estos momentos, en partidos bravos, apretados y con goles que puedan ser decisivos. Bien por Vilches.

Pero en el segundo tiempo llegaría el momento de los cambios y que terminarían siendo determinantes. Es cierto que Mark González –de partido más que correcto– no está para ’90 y en ese sentido tenía lógica que ingresara Véjar, pero el cambio de Valdés por Vilches definitivamente no funcionó. El Pájaro no es el mismo de hace un par de años –más allá del muy buen encuentro anterior ante O’Higgins–, todos lo sabemos, pero además estuvo enfermo, por lo cual su performance fue bastante baja, y además la salida de un Vilches que hacía un partido correcto terminó siendo perjudicial para el equipo, pues si bien Colo Colo acumuló hombres de buen pie en el mediocampo, tenía poca marca, lo que leyó bien Giovagnoli al mandar a Sergio López a intentar dañar en esa posición. Pese a eso, llegó el 2-0 mediante una jugada casi calcada a la del primer gol, esta vez definida por un Pedro Morales que encontró un justo premio a su muy buen encuentro en posición de 8.

El partido parecía controlado, de hecho algunos incautos comenzaron a gritar “ole” mientras el Cacique tenía la pelota, pero llegó el descuento de Temuco que hasta ese momento estaba absolutamente fuera de contexto. Un desafortunado despeje de Gabi Suazo rebotó en la espalda de Paredes y finalmente Gutiérrez marcó en solitario un 1-2 que no tenía que ver con el trámite del encuentro.

Y aquí estuvo la clave del encuentro. Un equipo que va ganando 2-0 y con merecimientos en el trámite tiene que tener claro que en el fútbol los imponderables están a la orden del día, y que un descuento puede llegar en cualquier instante. En ese sentido la conducción de Guede está al debe, pues ya son varias ocasiones donde los imprevistos –incluso algunos favorables en su momento, como que el rival quedara con diez jugadores– terminan siendo más bien perjudiciales. De otra forma no se explica la debilidad de Suazo ante la presión de López, y la lentitud de un gran tiempista como Barroso en cruzar a Campana, que de todas maneras definió muy bien. Un 2-2 que cinco minutos antes no estaba en los planes de nadie.

Poco comentario resiste la reacción de Guede en sacar a Morales y poner a Gonzales. Está bien, Morales estaba agotadísimo, pero pensar que Canchita podía ser el revulsivo en un partido bravo era bastante aventurado y excesivamente entusiasta. Incluso pudimos haber perdido con ese increíble remate de López que gracias a todo el newén del pueblo colocolino sólo remeció el travesaño y no perforó las mallas de Justo.

Está quedando demostrado que Guede es un muy buen técnico sobre todo en cuanto a la lectura inicial y planificación de los partidos, pero que aún le falta madurez para la lectura de los encuentros durante su desarrollo. Ha adoptado como idea defensiva primaria la acumulación de hombres con buen trato de pelota en el mediocampo para mantener la posesión lo más posible –lo ha hecho en los dos últimos partidos–, pero el equipo ha dejado muchos espacios insensatos tomando en cuenta que se van ganando los encuentros.

Es cierto que hemos escuchado a Guede en varias ocasiones decir que si tiene que meter un bus lo va a hacer, pero no sólo no lo ha hecho, sino que el equipo sigue al debe en cuanto al oficio para “cerrar” partidos, que no necesariamente se hace agregando hombres en la última línea, sino que también aportando en la refriega y sobre todo en el cierre de los espacios defensivos.

Lo sucedido en Temuco no es para volverse locos ni salir a quemar todo, tampoco para plantear algo parecido a una crisis ni mucho menos, pero es justo que haya una voz de alerta. Ojalá que estos puntos perdidos no terminen pesando en el conteo final, y que ante un cuadro en crisis como la UC el equipo no sólo muestre la fluidez que por buenos momentos mostró ante Temuco, sino que sepa hacer frente a las buenas armas ofensivas que tienen los cruzados, independiente de su complicado momento. Sería absolutamente insensato dar el partido por ganado ante ellos, y definitivamente necesitaremos a varios jugadores cerca de sus mejores posibilidades para imponernos. Y ojalá Morales y Mark González estén para los ’90, porque los vamos a necesitar.

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